martes, 1 de agosto de 2017

RESEÑAS ACELERADAS Los versos del funambulista: ASCENDIENDO A LO HONDO, Javier Vayá Albert

Por Emilio Losada



Una barbaridad de poemario de todas todas, vuelves a considerar muy de mañana, cero injerencia artificial mediante, aún sin más efluvio alcohólico en el gaznate que el regusto a enjuague bucal, mal dormido y casi peor soñado, sí, pero lo suficientemente lúcido como para reafirmarlo a pensamiento en grito, ya se te ha hecho el cuerpo a la contrariedad, con los años uno se acostumbra a todo, blablablá, en definitiva, que eres de los que esperabas más del Vayá de las redes, talentoso poeta, aunque quizá promiscuo en exceso y de exabrupto demasiado subordinado a la desmoralizante actualidad, las prisas de la era y sus urgentes atajos, claro, es lo que tiene este invento del demonio, mas he aquí al tipo en víscera y hueso, asentado, elucubrado, contenido y salvaje, tierno y bruto a la vez, en riguroso trozo de árbol, como debe ser, tanto narcotizante esmarfón, tanta tableta fabricabobos y tanto niño muerto, puñeta ya, Javier Vayá Albert, un rapsoda a la eterna usanza que de vez en cuando brota del subsuelo para asomar el ala del sombrero por todo local que quiera regalarle a su suertuda parroquia las palabras de un poeta de verdad, Ascendiendo a lo hondo, caza mayor, cancioneros como éste sólo los pare un poeta-poeta, algo así jamás emerge de las enclenques entendederas de uno de esos poetitas fáciles que han perdido los dientes de leche ante un Mac, y mucho menos de las del anquilosado escritorzuelo mamandurrias que clama sus encarriladas lecciones de moral guarnecido bajo el alienante paraguas del holding de turno, nuestro Vayá va por libre y tiene más que asumido que el arte será osado o no será, es el amante que ante la irrupción inesperada del burlado escapa por la ventana en lugar de esconderse bajo la cama o en el armario, es el funambulista sin arnés que tiene la desfachatez de bajar la mirada para embriagarse de vértigo y que gusta de asustarnos adrede con fingidas autocomplacencias para recuperar equilibrio e integridad en el último momento y alcanzar con una facilidad pasmosa el otro extremo, «La poesía en el fondo es el más bello error», afirma este superviviente al que las lecturas y la experiencia le han enseñado, no en vano son ya más de cuatro décadas de existencia en el planeta, a sobreponerse de los desmanes de un asfixiante entresijo, a hallar magia y beldad en el erial, que estamos ante un poeta curtido y puro donde los haya queda demostrado en cada una de las cinco partes que conforman este libro que te zampaste de un tirón anoche, justo como no se debe de hacer nunca con un poemario, y es que te resultó imposible desentenderte de todos estos versos de amor y trinchera, abstraerte de las fatídicas realidades que escriben el poema pero que muy pocos tienen el don de atraparlas al vuelo para lanzárnoslas con tanto tino al alma, un preclaro librito sumamente recomendable pues para las mentalidades sensibles neófitas o no en la lid que, eso sí, tengan algo de calle y hayan recibido en la crisma los rigores de este putrefacto entramado, aunque ya se sabe, nunca está de más incidir en el particular, a editorial pequeña, distribución prácticamente inexistente fuera de su área de influencia, en fin, qué le vamos a hacer, hagan ojos ciegos con alguna que otra línea aquí escrita y pregúntenle a su buscador digital de confianza los pasos a seguir para recibir en sus domicilios esta auténtica gema del Harold Lloyd de la poesía subterránea ibérica, ya están tardando, pocas veces uno encuentra tanta altura en un descenso.



EL MEJOR POETA DEL MUNDO

El mejor poeta del mundo
se sentaba en un pupitre junto al mío,
escribíamos versos furtivos e ingenuos
para la misma chica.
Era el mejor en todo lo que hacía
era un endemoniado ángel
en un mundo de demonios angelicales.
Ahora lleva muerto toda una vida
yo llevo vivo toda su muerte.
Hoy recordaré una promesa que le hice
y por supuesto no he cumplido.
No creo en Dios ni en nada parecido,
pero a menudo me pregunto
si pese a lo mucho que nos duelen los muertos
no les doleremos a ellos -mucho más- los vivos.


Ascendiendo a lo hondo ha sido publicado por El Petit Editor, 2017.

Javier Vayá Albert


jueves, 22 de junio de 2017

RESEÑAS ACELERADAS Breve historia del circo: Pablo Cerezal y la justicia poética

Publicado en "Entretanto Magazine", junio 2017



Por Emilio Losada



Ha vuelto a suceder, lees la última página y lo colocas cuidadosamente en el sitio que le corresponde por lógica alfabética en la estantería, a la vera de sus dos hermanos mayores, pero, ah, amigo, al igual que ocurriera con éstos, el libro sigue abierto, las carpas del Circo Cerezal no pliegan, se alzaron para permanecer, gloriosa paradoja de aquél que embebe su prosa de movimiento y vivencia, y tú felicítate, no te reprimas, qué demonios, en parte es mérito tuyo, bien por ti, eres público, juez y parte en este espectáculo de letras extremas, supiste sortear virtuosamente la pole position de toda la bazofia plantada por obra y bolsillo del magnate mercachifle de turno en las mesas de novedades y “más vendidos” hasta toparte por casualidad o, quién sabe, por pura magia, con el maestro de ceremonias de este nuevo festín de miscelánea histérica, procede pues la grácil genuflexión que le dedicas al espejo del tocador antes de despatarrarte de nuevo en el catre, amplia la sonrisa, las manos entre la nuca y la almohada y la mirada clavada en este límpido techo que protege de la intemperie tus sueños de poeta afligido en el que, bendita literatura, la más abstracta y libre de todas las artes, tu imaginación de lector empieza a proyectar como míticos fotogramas previos al fatal desenlace las palabras transformadas en imágenes, así ves de nuevo las lágrimas del pequeño pirómano Munay, provocador de incendios vitales, saliendo sin duelo ante un mundo que empieza a no comprender, o el lánguido pulular de Angie, la gata/gato, o esa tierna interpretación del encantador desfile de los freaks de Browning, o al mismo Pablo afrontando sin rencor la estafa cochabambina con la ayuda de unos centilitros de ese salario de estrellas que decía el divino Fijman, descubridlo de una maldita vez, o las masturbaciones genetianas con las que consuela las ausencias de su adorada Sabah, no es casualidad que el antisanto francés fuera, como el maestro Cerezal, un poeta disfrazado de prosista, Pablo Cerezal, sí, grabaos su nombre en la frente, quizá el escritor más grande de su generación en España, y ahora cierras los ojos, aprietas los dientes y te preguntas por enésima vez cómo puñetas lo hace para plasmar con palabras tanta belleza, mejor no le des más vueltas, sólo cruza los dedos para que este artista que únicamente necesita un cepillo de dientes para salvaguardar su integridad no desfallezca y siga deslumbrando nuestros días y noches con nuevos artefactos, y ahí entramos nosotros, amigos, ahí entra el público, el verdadero distribuidor de justicia poética, alguien dijo una vez que todos le debemos un hígado a Bolaño, tristemente con el chileno no hubo nada que hacer, pero aún estamos a tiempo con Pablo Cerezal, aunque él jamás nos lo pedirá precisa de algo más que reconocimiento y abrazos, en consecuencia, no es tan difícil de entender, podemos empezar por regalarnos y regalar a toda alma hermana que se tenga a mano esta maravilla de trozo de árbol, algo así de simple, algo así de acertado.

Pablo Cerezal


Breve historia del circo ha sido publicado en una preciosa edición por CHAMÁN EDICIONES, 2017