martes, 1 de agosto de 2017

RESEÑAS ACELERADAS Los versos del funambulista: ASCENDIENDO A LO HONDO, Javier Vayá Albert

Por Emilio Losada



Una barbaridad de poemario de todas todas, vuelves a considerar muy de mañana, cero injerencia artificial mediante, aún sin más efluvio alcohólico en el gaznate que el regusto a enjuague bucal, mal dormido y casi peor soñado, sí, pero lo suficientemente lúcido como para reafirmarlo a pensamiento en grito, ya se te ha hecho el cuerpo a la contrariedad, con los años uno se acostumbra a todo, blablablá, en definitiva, que eres de los que esperabas más del Vayá de las redes, talentoso poeta, aunque quizá promiscuo en exceso y de exabrupto demasiado subordinado a la desmoralizante actualidad, las prisas de la era y sus urgentes atajos, claro, es lo que tiene este invento del demonio, mas he aquí al tipo en víscera y hueso, asentado, elucubrado, contenido y salvaje, tierno y bruto a la vez, en riguroso trozo de árbol, como debe ser, tanto narcotizante esmarfón, tanta tableta fabricabobos y tanto niño muerto, puñeta ya, Javier Vayá Albert, un rapsoda a la eterna usanza que de vez en cuando brota del subsuelo para asomar el ala del sombrero por todo local que quiera regalarle a su suertuda parroquia las palabras de un poeta de verdad, Ascendiendo a lo hondo, caza mayor, cancioneros como éste sólo los pare un poeta-poeta, algo así jamás emerge de las enclenques entendederas de uno de esos poetitas fáciles que han perdido los dientes de leche ante un Mac, y mucho menos de las del anquilosado escritorzuelo mamandurrias que clama sus encarriladas lecciones de moral guarnecido bajo el alienante paraguas del holding de turno, nuestro Vayá va por libre y tiene más que asumido que el arte será osado o no será, es el amante que ante la irrupción inesperada del burlado escapa por la ventana en lugar de esconderse bajo la cama o en el armario, es el funambulista sin arnés que tiene la desfachatez de bajar la mirada para embriagarse de vértigo y que gusta de asustarnos adrede con fingidas autocomplacencias para recuperar equilibrio e integridad en el último momento y alcanzar con una facilidad pasmosa el otro extremo, «La poesía en el fondo es el más bello error», afirma este superviviente al que las lecturas y la experiencia le han enseñado, no en vano son ya más de cuatro décadas de existencia en el planeta, a sobreponerse de los desmanes de un asfixiante entresijo, a hallar magia y beldad en el erial, que estamos ante un poeta curtido y puro donde los haya queda demostrado en cada una de las cinco partes que conforman este libro que te zampaste de un tirón anoche, justo como no se debe de hacer nunca con un poemario, y es que te resultó imposible desentenderte de todos estos versos de amor y trinchera, abstraerte de las fatídicas realidades que escriben el poema pero que muy pocos tienen el don de atraparlas al vuelo para lanzárnoslas con tanto tino al alma, un preclaro librito sumamente recomendable pues para las mentalidades sensibles neófitas o no en la lid que, eso sí, tengan algo de calle y hayan recibido en la crisma los rigores de este putrefacto entramado, aunque ya se sabe, nunca está de más incidir en el particular, a editorial pequeña, distribución prácticamente inexistente fuera de su área de influencia, en fin, qué le vamos a hacer, hagan ojos ciegos con alguna que otra línea aquí escrita y pregúntenle a su buscador digital de confianza los pasos a seguir para recibir en sus domicilios esta auténtica gema del Harold Lloyd de la poesía subterránea ibérica, ya están tardando, pocas veces uno encuentra tanta altura en un descenso.



EL MEJOR POETA DEL MUNDO

El mejor poeta del mundo
se sentaba en un pupitre junto al mío,
escribíamos versos furtivos e ingenuos
para la misma chica.
Era el mejor en todo lo que hacía
era un endemoniado ángel
en un mundo de demonios angelicales.
Ahora lleva muerto toda una vida
yo llevo vivo toda su muerte.
Hoy recordaré una promesa que le hice
y por supuesto no he cumplido.
No creo en Dios ni en nada parecido,
pero a menudo me pregunto
si pese a lo mucho que nos duelen los muertos
no les doleremos a ellos -mucho más- los vivos.


Ascendiendo a lo hondo ha sido publicado por El Petit Editor, 2017.

Javier Vayá Albert


jueves, 22 de junio de 2017

RESEÑAS ACELERADAS Breve historia del circo: Pablo Cerezal y la justicia poética

Publicado en "Entretanto Magazine", junio 2017



Por Emilio Losada



Ha vuelto a suceder, lees la última página y lo colocas cuidadosamente en el sitio que le corresponde por lógica alfabética en la estantería, a la vera de sus dos hermanos mayores, pero, ah, amigo, al igual que ocurriera con éstos, el libro sigue abierto, las carpas del Circo Cerezal no pliegan, se alzaron para permanecer, gloriosa paradoja de aquél que embebe su prosa de movimiento y vivencia, y tú felicítate, no te reprimas, qué demonios, en parte es mérito tuyo, bien por ti, eres público, juez y parte en este espectáculo de letras extremas, supiste sortear virtuosamente la pole position de toda la bazofia plantada por obra y bolsillo del magnate mercachifle de turno en las mesas de novedades y “más vendidos” hasta toparte por casualidad o, quién sabe, por pura magia, con el maestro de ceremonias de este nuevo festín de miscelánea histérica, procede pues la grácil genuflexión que le dedicas al espejo del tocador antes de despatarrarte de nuevo en el catre, amplia la sonrisa, las manos entre la nuca y la almohada y la mirada clavada en este límpido techo que protege de la intemperie tus sueños de poeta afligido en el que, bendita literatura, la más abstracta y libre de todas las artes, tu imaginación de lector empieza a proyectar como míticos fotogramas previos al fatal desenlace las palabras transformadas en imágenes, así ves de nuevo las lágrimas del pequeño pirómano Munay, provocador de incendios vitales, saliendo sin duelo ante un mundo que empieza a no comprender, o el lánguido pulular de Angie, la gata/gato, o esa tierna interpretación del encantador desfile de los freaks de Browning, o al mismo Pablo afrontando sin rencor la estafa cochabambina con la ayuda de unos centilitros de ese salario de estrellas que decía el divino Fijman, descubridlo de una maldita vez, o las masturbaciones genetianas con las que consuela las ausencias de su adorada Sabah, no es casualidad que el antisanto francés fuera, como el maestro Cerezal, un poeta disfrazado de prosista, Pablo Cerezal, sí, grabaos su nombre en la frente, quizá el escritor más grande de su generación en España, y ahora cierras los ojos, aprietas los dientes y te preguntas por enésima vez cómo puñetas lo hace para plasmar con palabras tanta belleza, mejor no le des más vueltas, sólo cruza los dedos para que este artista que únicamente necesita un cepillo de dientes para salvaguardar su integridad no desfallezca y siga deslumbrando nuestros días y noches con nuevos artefactos, y ahí entramos nosotros, amigos, ahí entra el público, el verdadero distribuidor de justicia poética, alguien dijo una vez que todos le debemos un hígado a Bolaño, tristemente con el chileno no hubo nada que hacer, pero aún estamos a tiempo con Pablo Cerezal, aunque él jamás nos lo pedirá precisa de algo más que reconocimiento y abrazos, en consecuencia, no es tan difícil de entender, podemos empezar por regalarnos y regalar a toda alma hermana que se tenga a mano esta maravilla de trozo de árbol, algo así de simple, algo así de acertado.

Pablo Cerezal


Breve historia del circo ha sido publicado en una preciosa edición por CHAMÁN EDICIONES, 2017


lunes, 3 de octubre de 2016

ALCOHOL BLANCO





Alcohol; salario de estrellas.
Jacobo Fijman

es un somnoliento atardecer
de otoño en Sevilla
la ingesta indeliberada de algún que otro aguardiente
me insta a localizar una colección de versos
ésa y sólo ésa era la intención
pero muy pronto
esta vez quizá demasiado pronto
me puede el paisanaje

grupúsculos de vulvas imberbes
atosigan mis sentidos
por una calle Sierpes curada de espanto
en simétrico vaivén con las aves del tiempo
que rasan las seseras
presagiando el primer aguacero
de la temporada

los extremos
por su parte
se amenizan
tiznados hombres-estatua
alardean de estática impertérrita
frente a un conjunto de arpistas disléxicos
que tañen desganas ante una audiencia de tiovivo
engalanada con perillas desgarbadas al uso
que no tienen otra razón de ser que encubrir papadas
de pelícano borracho

irrumpe la lluvia
los previsores se jactan de tener al fin
ocasión de desplegar sus paraguas
como murciélagos las alas

incauto de mí
yo simplemente intentaba dar                                      
con una colección de versos
pero ahora lo menos sangrante
es volver a diluirme en alcohol blanco
porque ya sólo aspiro
a guarnecerme de mí mismo
bajo este intempestivo ocaso
de las seis y media
en Sevilla


De Ventajas de estar en la ruina, 2015

viernes, 16 de septiembre de 2016

DESCUBRIENDO HALAGOS (un relato de Venthor Gómez publicado en el número 0 de la vilipendiada revista "La antibiótica") *

Durante un breve  periplo vacacional, vagando por la Meseta Norte, di con mis huesos en un pueblo llamado Halagos del Matón. La carretera comarcal que lleva a la parroquia sobrevive sin apenas mantenimiento,  con la maleza desbordando  los  márgenes y cubriendo señales de aviso que pueden verse o no, dependiendo del capricho de una voluntad intangible, consciencia de la región misma, el azar funambulista... Allá cada cual con sus credos, vaya. Hay que ver primero un letrero oxidado y, segundo, hay que dejarse llevar guiados por la fuerza que ejerce lo insólito del nombre que bautiza el pueblo y decidirse a tomar la desviación. Yo así lo hice. Una densa bruma me acompañó durante un buen trecho hasta toparme con las primeras casas. Conforme iba adentrándome  por unas calles estrechas que hacían complicada la circulación en coche, la atmósfera fue aclarándose hasta que el cielo fue un trazo azul entre dos líneas blancas. La aparición de un solar vacío  se me antojó de lo más oportuna, y tras estacionar el coche pude continuar con mi paseo hacia las entrañas de Halagos del Matón tranquilamente a pie. Pese al mes en el que nos hallábamos, agosto, el ambiente era húmedo y la sensación global era la de hallarme en un pueblo cualquiera de la comarca; aunque, afilando los sentidos, pequeños detalles desconcertantes salpicaban  el recorrido. De una antigua casa señorial, algo decrépita, me llamó la atención un blasón de piedra en el que aparecía esculpido toscamente un mono de expresión lastimera  introduciendo su falo en una especie de masa vegetal que no pude identificar; un endrino, quizás. La antigüedad del tallado y la gravedad de su ejecución eran evidentes; ahora bien, el concepto…. Intentar ensamblar un simio con la historia de esta zona del norte de Castilla requería grandes dosis de imaginación y si, encima, éste se hallaba copulando con un arbusto endémico… Las elucubraciones derivadas de esta imposible dualidad me sumieron en un estado de alerta festiva, por definirlo de alguna manera. Proseguí pues con el macaco dendrófilo ocupando mis pensamientos, sin disfrutar enteramente de otros detalles que se me ofrecían generosos, como ristras de excrementos de vaca secos colgando en las casas con números impares, figuras furtivas tras los visillos desvaneciéndose a mi paso y los impagables nombres de algunas calles: “Trompetista Rudy Burlas” (¡!) “Petaflor” (¿?) “Guisantemo” (¡¿?!)…Todavía no me había cruzado con un ser vivo, a excepción de un pequeño perro mil leches soberbiamente dotado que defecaba con dificultad, cuando una melodía festiva empezó a culebrear por el aire… ¿Era el tañido de unos cencerros el que la jalonaba rebotando por las fachadas? La amalgama sónica fue  aproximándose, hasta que,  doblando la esquina, se materializó una procesión encabezada por unos tíos con capirotes tocando la flauta y unas grandes campanas amarradas a la chepa con correas de cuero. 
(continuará)

*El relato de Gómez es consecuente con las formas estéticas del Movimiento Analsibarita, fundado por el autor y un servidor en el verano de 1997. E.L.

viernes, 8 de julio de 2016

EL MUNIRIA (apócrifo sobre la gestación y el apuntalamiento de la criatura)


Bill hecho un guiñapo, en su habitual estado de semiiconsciencia. La habitación, un desastre: la Clark Nova llena de ceniza en la mesilla, andrajos, restos biológicos, útiles de adicto y papeles desparramados por todo el suelo. Llega Jack, coge un papel de aquí, otro de allá. Empieza a leer entre tragos lentos. Bill, esto es una maravilla, concluye a los diez minutos. Me pongo y te lo paso a limpio todo en nada, ya sabes que yo mecanografiando me salgo, que lo reconoce hasta el Capote. Bill: El nenaza del Capote lo dice con segundas, Jack, que no te enteras. Mira, tú haz lo que te salga del entrenalgas con esos textos, pero antes acércame aquella cucharilla, hazme el favor. 
Usque in aeternum.

E.L.

miércoles, 6 de julio de 2016

Unas letras para Franzl Lang

Caranalga de mí, en diciembre murió uno de mis grandes ídolos y yo ni me enteré. En otoño de 2010 Nueva York se interpuso a la opción Tirol, que estaba a huevo; mas siempre quise dejarme caer por la tierra del tipo para, entre otras cosas, presentarle mis respetos en forma de rendida genuflexión en la puerta de su morada o ante la barra de la taberna de turno. Hasta el crematorio y más allá perdurará la extrema admiración que siento por el maestro Lang, que seguramente sabrá excusar tamaña desconsideración por mi parte y, ¿por qué no señalarlo?, los descojonos que me ha proporcionado su peculiar arte (¿qué le voy a hacer, si nací en el Mediterráneo?). Qué maravilla de humano y de voz, pero qué maravilla... Jodel forever!!!

E.L.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Mi suerte de rendida reseña de "Madrid-Cochabamba (Cartografía del desastre)" más una entrevista a Pablo Cerezal publicada en "Entretanto Magazine".


“MADRID-COCHABAMBA (CARTOGRAFÍA DEL DESASTRE)”, de Pablo Cerezal y Claudio Ferrufino-Cocqueugniot


1

Por Emilio Losada

De los alcoholes y de las viandas, del garito, del restorán y del cinematógrafo iniciático, de Miller a Umbral, de Dylan a Antonio Vega, de la Biblioteca de Alejandría a los libros de viejo del Paseo de Recoletos, estación de término soñada para su lúcida obra por el de Madrid, de las mujeres con las que se comparten cimas y asperezas y de las que amenizan soledades siempre que, como otrora aconteciese al glorioso antisanto boliviano, no se interponga en el trance un irresistible elepé de Neil Young & Crazy Horse, de las infancias que pasan casi sin olerlas y apenas dejan como testimonio los reumáticos huesos de una bicicleta, de la penca muerte, de los pencos muertos al relente o en los nichos, pero sobre todo de la penca vida, toneladas de vida hay en esta joya de libro, primero se vive y luego se escribe, es ley de leyes, nunca es al revés, ya nos lo dejó claro antes de los diecinueve el renacuajo de Charleville, cuánta vida y cuánta alta Literatura hay aquí, con Ele mayúscula, sí, Ele también de Libertad, Ele Libertaria, pura y bruta prosa esta, hermosa y desquiciada, de la que sólo se deja ver muy de vez en cuando a estas alturas del tinglado, Pablo y Claudio, Claudio y Pablo, Madrid-Cochabamba, Cochabamba-Madrid, obra de arte de primer nivel, vaya par de dos, Pablo, el poeta disfrazado de prosista, ya dio el aviso cuando tras enamorarse de y en Marruecos parió aquella maravilla de novela, Los cuadernos del Hafa, ahora en su parte de este libro, precisamente desde Cochabamba, es una larga historia, evoca melancólico sus correrías por aquel irrecuperable Madrid previo a la nefasta irrupción de Álvarez del Manzano y sus putrefactos acólitos, malditos sean por siempre, aunque no se hunde del todo, culebrea por los recovecos y da con el respiradero, en su búsqueda de una señal para la esperanza felizmente la halla en la sonrisa extranjera, se sale en «Razas del extrarradio», menuda oda mil leches, chico, chúpense ésa, víboras perladas de Madrid Norte, y qué decir de Claudio, el mago de la prosa histérica, prosa volcánica, que dice Pablo, es lo mismo, de muy joven incurre Norteamérica, pelea y compadrea a ritmo de rocanrol, marea la perdiz con urgencia beatnik, seduce y cata vicios, devora libros y escribe, afila sus bigotes de irreductible galo y lanza al mundo, entre otros tantos, El exilio voluntario, vaya artefacto, como cada uno de los que aquí nos suelta en formato corto, donde igual abofetea inmisericorde a los políticos que comen flores mientras reparten miserias como rememora perversos alivios a consta de la Deneuve previos a los días de chicha y rosas, Pablo y Claudio, Claudio y Pablo, Lou Reed los cría y ellos se juntan, otra larga historia, pero qué forma de escribir, qué barbaridad, lo hacen con un cuchillo entre los dientes, dejan tan alto el listón que ya es que ni con pértiga, y nada hay que recriminarles, son malos de los buenos, en pleno desastre se toparon con la penúltima botella, es un símil a medias, y para evitarnos posibles disgustos no dejaron que la viésemos ni medio vacía ni medio llena, la hicieron trizas, aunque, eso sí, antes se la bebieron toda.

Desde Madrid Pablo Cerezal me responde a unas preguntas acerca de este estupendo “desastre”.

  • Los textos que Claudio y tú publicáis en vuestros respectivos blogs con motivo de la muerte de Lou Reed propician el encuentro en la distancia. Se conoce que desde entonces establecéis una fluida relación epistolar, curiosamente tú, madrileño, desde Cochabamba; él, cochabambino, desde Denver, donde reside desde hace años. Al fin os conocéis en persona cuando Claudio viaja a su ciudad natal para asistir al funeral de su padre, momento que ambos reflejáis de forma épica y muy divertida en los epílogos de M-C. ¿En qué momento surge la idea del libro? ¿Quién la propone?
Sí, podemos asegurar que Lou Reed fue el detonante de una relación latente. El fallecimiento del poeta neoyorquino generó en ambos el mismo impulso, idéntica urgencia, y esa misma noche escribíamos al respecto en nuestros respectivos blogs. A partir de ahí comenzó esa relación epistolar que comentas y en la que no sólo hablábamos de música y literatura, sino también de nosotros mismos, de nuestros desvelos, nuestras pasiones, nuestras decepciones, nuestros traumas, nuestros itinerarios vitales… Y descubrimos que tenemos mucho en común. Y que lo que no tenemos en común, incluso nos fascina más. Y que lo que más nos une es la pasión por la vida a pie de calle, por la belleza que habita en el barro, por las pequeñas miserias que pueden llegar a ser gloriosas grandezas si se contemplan bajo el prisma adecuado. Todo muy Lou Reed, ya ves. Así que la idea de escribir algo juntos surge de manera natural, casi por ósmosis, podríamos decir, y al muy poco tiempo de iniciada la amistad. ¿Quién lo propone? Claudio se empeña en culparme a mí. Pero yo siempre le negaré, soy demasiado cobarde como para arrogarme tal osadía. Digamos que más que una propuesta fue una consecuencia. ¿Acaso un orgasmo lo provoca el cuerpo que devoramos, o es fruto de su unión con el propio? Porque este libro es eso: un orgasmo verbal fruto del coito feroz entre dos sensibilidades heridas. El resto sería puro onanismo.

  • A lo largo de todo el libro, y no sólo en el apartado “Músicas”, aparecen compositores e intérpretes de la talla de Neil Young, Bob Dylan, Tom Petty, el citado Lou Reed, Antonio Vega, etecé, etecé. ¿Hasta qué punto ha influido (creo que aquí puedes responder también por Claudio) en vuestra literatura la música pop?
Ya he explicado que fue la música lo que realmente nos unió, antes que la literatura. Yo vivía en Cochabamba, y me sorprendió conocer a un cochabambino que admirase a Lou Reed. Lamentablemente, la música que se escucha en Bolivia es, en el mejor de los casos, folclore desdibujado… y charcutería latina de radio fórmula mayormente. Por eso pensé que Claudio conocía a Lou Reed por vivir en EE.UU. Pero luego me explica que no es así, que a Reed, a Cohen, a Dylan, a Neil Young, etc. se los escuchaba en Cochabamba cuando él vivía allí, en su adolescencia. Eso ya me descubrió la primera conexión entre el pasado urbano de Claudio y el mío, en ese Madrid del que ya han quedado extirpadas para siempre las noches de música voraz y voracidad vital. Tanto Claudio como yo adolecemos de una insana curiosidad por los más diversos campos de la creación, y en la música coincidimos en gusto y, sobre todo, en pasión. En su literatura las referencias musicales son más transversales, pero son de manera ineludible. En mi caso la música marca cada uno de mis días y lo que de ellos hago o deshago, y siempre ha sido protagónica actriz de mis letras. Tal vez de ahí surja mi obsesión porque lo que escribo tenga cierta sonoridad o melodía. En el magnífico documental que ha dirigido José Ramón Da Cruz, inspirándose en Madrid-Cochabamba, queda más patente de lo que ahora pueda explicar la importancia de la música en nuestra literatura.

  • Viajaste a Cochabamba con tu mujer y con tu hijo para colaborar con una ONG cuyos verdaderos intereses pronto empiezas a poner en duda. Cuando confirmas tus malos augurios quieres salir de allá, pero el sistema te lo impide. En su blog y en sus colaboraciones en prensa Claudio no ceja en el empeño de desenmascarar a Evo Morales. ¿Qué le dirías a toda esa izquierda un tanto ingenua que desde la relativamente confortable Europa tiene a Evo y a sus próximos en un pedestal?
No estaría de más que los componentes de esa izquierda ingenua que mentas se dieran un paseo por Bolivia para conocer su realidad… sí, un paseo por el lado salvaje de la vida nunca está de más. Eso nos haría a todos menos infelices. Porque toda esa izquierda es la de las soflamas de fin de semana, la de las manifestaciones de cañas y tapas que ve la realidad por televisión, cómodamente instalada en el sofá del salón calefactado. A mí me duele Bolivia, no lo niego, pero no me dolerá jamás como pueda hacerlo a Claudio o cualquier otro boliviano. Yo sufrí un verdadero martirio allá, pero al fin y al cabo soy europeo y puedo salir, aunque sea expulsado. Puedo instalarme en otro lugar, tengo ese privilegio sin siquiera haberlo reclamado ni luchado por él. Pero ellos, los bolivianos, la mayoría no pueden salir, y los que lo hacen no son bien recibidos en casi ningún sitio. Así que es normal que a Claudio le duela más y se emplee a fondo en desenmascarar a este nuevo dictador que se disfraza de adalid de las libertades indígenas y el socialismo para mejor vivir la vida loca de prebendas y riquezas que antes de ser presidente le estaban negadas. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que el principal activo de un sistema socialista ha de ser la educación. Pero, en Bolivia, la educación es ninguneada por el gobierno de Movimiento al Socialismo, de Evo Morales. Quizás, en inicio, sí, fue un movimiento al socialismo… pero se desviaron por el camino. Los textos de Claudio en el libro dan una visión de la realidad boliviana más veraz que la que nos llega por otros medios. Así que recomiendo su lectura a los integrantes de esa izquierda que comentamos. De esta manera se ahorran el viaje… y el trauma subsiguiente.

  • En tu parte del libro se vislumbra una profunda desazón por la deriva sociocultural de la que ha sido víctima Madrid en las dos últimas décadas. Desde que redactaste estos textos ha cambiado radicalmente de signo político el ayuntamiento, algo que seguramente no podías ni imaginar cuando estabas en ello. ¿Crees que hay visos de mejora al respecto? ¿Semejante estropicio es irreparable?
Ha cambiado radicalmente de signo vital. Al fin hay vida inteligente en el ayuntamiento de Madrid, y eso ya es mucho. Pero hace tiempo que la política dejó de ser maestría de inteligencias. A la política ya sólo se llega por mediocre, y sólo los más mediocres y serviles hacen carrera en política. Porque no son ellos quienes nos gobiernan, recuerda. Los mercados son los titiriteros de la sociedad moderna, y precisan títeres sumisos para mejor organizar la función. Lo de Madrid es especialmente doloroso, obsceno. Esta ciudad ha pasado de ser referente cultural y de apertura a lo ajeno, a mera punta de lanza de la España más rancia y casposa, hasta el punto de afectar a sus propios ciudadanos y convertirlos en autómatas programados para la individualidad y la indolencia. Antes, Madrid era una ciudad alegre. Hoy es una ciudad hostil. Lo único que alegra a sus ciudadanos es consumir en las miríadas de negocios sin alma que han transformado la misma arquitectura urbana hasta convertirla en una burla de lo que fue. Pero no seamos tan negativos. Aún quedan núcleos de resistencia ciudadana. En ellos se ha gestado este cambio de gobierno. Quién sabe si no se estará gestando en ellos, también, el cambio social que nos devuelva la alegría. Mientras tanto, por si acaso, espero haber podido rescatar, en el libro, ese Madrid de filo y nervio que tuvimos la suerte de vivir, algunos.

  • Al fin alguien reivindica sin cortapisas la literatura de Umbral. ¿Este país sabrá separar alguna vez el arte de la ideología, de la actitud…, incluso del aspecto físico del artista en cuestión?
La pregunta, creo, es si este país sabrá alguna vez admirar sin paliativos a alguien que triunfe por sus cualidades creativas, artísticas, científicas, intelectuales, y no sólo por el número de goles, poles y demás vacuidades. Caín nació en España, y la quijada de burro es el arma de destrucción masiva por excelencia de nuestro bendito país. Reivindico no sólo la literatura de Umbral, sino incluso su actitud de rock and roll star. Y es que un literato también tiene derecho a crearse su personaje. Porque si es excepcional debe serlo absolutamente, como proclamaba Rimbaud. Y Umbral era absolutamente excepcional. Lamentablemente, sigue siendo más recordado por su forma de estar en sociedad que por su literatura, que era su manera de estar en el mundo. A Umbral hay que leerlo para conocer a la persona detrás del personaje y, sobre todo, para descubrir que si la lengua española nació, fue para que genios como él pudiesen retorcerle el pescuezo hasta extirparle la última gota de sangre y esculpir con ella inmensos charcos de Belleza. El problema es que hablamos de literatura, y en España, más que leer, se consume, ya lo dije cuando hablaba de Madrid. Luego resulta que un tipo como Houellebecq, por ejemplo, es Dios, por muy papanatas que parezca, es un referente literario, ¡un genio! Será que viene de fuera. A Umbral se le respetará, en España, el día que alguien de afuera venga a decirnos que era un genio, como hubieron de hacer los franceses con Cervantes. Este año se cumplen 40 de la publicación de Mortal y Rosa, obra cumbre de la literatura, no ya nacional, sino mundial, y la noticia apenas ha ocupado las columnas de tres o cuatro literatos y periodistas sin miedo al desprestigio por proclamar la grandeza de un autor irrepetible… ¡con lo mucho que nos gustan las efemérides!

  • Por último, una curiosidad: ¿A qué tanta aversión por Pío Baroja?
Supongo que esta pregunta viene al hilo de la referencia que hago en un capítulo del libro en que decido transformar a Baroja en metáfora de lo cotidiano, para remarcar lo mucho que yo huía de ello en los tiempos que narro en dicho capítulo. Pero no me provoca ninguna aversión Baroja. Al contrario, la aversión me la provoca mi voluntario desconocimiento de su obra. Al fin y al cabo, yo también fui educado en este país, y cuando, en la escuela, me obligaron a leer a Baroja, yo andaba enredado con los surrealistas, Céline, Henry Miller, y sus largos párrafos de verbo sincopado y profuso. La economía expresiva de Baroja me supo a poco, supongo, en aquel tiempo, y luego la vida me llevó por otros derroteros, de manera que nunca presté a su obra la atención que merece. Asignatura pendiente.


SOBRE LOS AUTORES

Pablo Cerezal: Madrid, 1972. Los cuadernos del Hafa (Carena, 2012) está ya considerada una novela de culto. Mantiene activos los blogs Postales desde el Hafa y Vislumbres de El Dorado. Ha colaborado en las antologías Erosionados (Origami, 2013) y El descrédito. Viajes literarios en torno a Louis-Ferdinand Céline (Ediciones Lupercalia, 2013). También escribe guiones (Mínimo Producciones) y colabora en medios escritos como Frontera D, Red Marruecos y Esto no es una revista (España, Marruecos y Argentina, respectivamente).

Claudio Ferrufino-Cocqueugniot: Cochabamba, 1960. Con El exilio voluntario (Alberdania, 2011) el osado escritor boliviano residente en Estados Unidos se hizo con el Premio Casa de las Américas en 2009 y con Diario secreto (Alfaguara, 2011) con el Premio Alfaguara Bolivia de Novela 2011. También es autor, entre otros tantos, del libro de prosa poética Virginianos y de la novela El señor don Rómulo, con la que obtuvo una mención especial en el Premio Casa de las Américas. Colabora periódicamente en prensa y mantiene activos los blogs Le Coq En Fer y Sugiero Leer.

collage
Pablo Cerezal                               Claudio Ferrufino-Cocqueugniot

La edición española de Madrid-Cochabamba (Cartografía del desastre), de Pablo Cerezal y Claudio Ferrufino-Cocqueugniot, ha sido editada por Ediciones Lupercalia (www.edicioneslupercalia.com)